lunes, 2 de julio de 2012

DEVOCIONAL JULIO 2012


Aparentemente, a la luz de Gá. 5:13-18, había un problema social en alguna de las iglesias de los gálatas, que redundaba en una serie de conflictos entre los hermanos. Pablo sabiamente no trata de poner una venda a la herida, sino buscar de raíz cuál es el problema de base.

Había un llamado que tienen todos los cristianos que es un llamado a la libertad. Pero el punto es, en este caso, qué es lo que se entienden por libertad. Libertad hasta dónde. ¿Cuáles son los límites? ¿Los hay? ¿Para qué uso mi libertad? El problema que Pablo ve aquí es que algo anda bien mal, por cuanto algo que es de Dios, como es la libertad, aquí está resultando en un conflicto entre hermanos, que podría cristalizarse en competencia, serruchadas de piso, peleas, etc.

Entonces retoma el AT y un principio básico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La libertad en Cristo, no puede ir contra de este mandamiento fundamental. ¿Y qué es lo que muestra Pablo a los gálatas? Que ha dos “fuerzas” trabajando en nosotros. Los mundanos no tienen este problema, pero los cristianos sí: está la carne y el Espíritu. Y los dos se oponen y los dos están reclamando total sumisión de la persona. Pero primero entendamos el tema de la libertad. Dice allí Pablo: “de manera que no podéis hacer lo que deseáis”. Es claro: o soy guiado por uno o guiado por otro. Nunca “independiente”. Libre sí, pero no independiente. Pero es el Espíritu Santo el que me hace libre (2 Co. 3:18). Y si no hay dependencia, tampoco hay libertad. Es decir, en principio, el que inicia y establece la libertad es el Espíritu Santo, y nuestra dependencia con él nos mantiene en y aumenta esa libertad. Luego va a decir algo interesante: el que es guiado por el Espíritu Santo no está bajo la ley. Y esto es tremendo. Hay algo más poderoso que la ley y que nos permite vivir por arriba de cualquier ley, de modo que nadie nos tiene que decir cómo vivir. Contra el fruto del Espíritu no hay ley (Gá. 5:23). Juan va a decir más tarde que la unción nos enseña todas las cosas y no necesitamos que nadie nos enseñe. Ya esto estaba profetizado por Jeremías, cuando Dios escribiera su ley en nuestros corazones (He. 8:10s).

Pero la otra alternativa también está: ser guiado por la carne. Allí caemos bajo la ley, bajo la condenación, porque pecamos y perdemos la libertad, porque quedamos esclavos del pecado. La única manera de mantener la libertad es por la guianza del Espíritu. En Ro. 8:5 Pablo va a decir que poner la mente en las cosas del Espíritu es vida y paz, mientras que ponerlas en las cosas de la carne es muerte. Es la decisión para nuestra felicidad integral y para el todo de nuestras vidas.

Más tarde, en Gá. 6:2, volviendo al aspecto relacional de la vida cristiana, Pablo habla de la “ley de Cristo”. La ley de Cristo es el principio de la guianza del Espíritu Santo. Santiago la va a llamar: “la ley perfecta” y “la ley de la libertad” (Stg. 1:25). El hermano del Señor nos exhorta a mirar atentamente a es ley, a permanecer en ella, no ser oidor olvidadizo y sino un hacedor de esa ley. En otras palabras, vivir, encarnar la ley de la libertad. Permitir que el Espíritu Santo nos guie en todo. Sólo así seremos “bienaventurados en todo lo que hacemos”.

No hace falta hacer terapias para ser feliz. No psicologicemos el evangelio. Si quieres ser feliz, déjate guiar en todo por el Espíritu Santo. Deja que él te examine y te guíe al arrepentimiento, al conocimiento de la verdad y camina en ella. Es la ley que te mantiene en la perfecta libertad y que está en íntima relación con la total dependencia.

Ser feliz es una posibilidad cierta para el cristiano. No la desaprovechemos. Y esa guianza no hace mal al prójimo. Y en rigor no le hace mal a nadie. No hay ley que se atreva a restringirla. Tal es así, que Dios mismo no pone ninguna ley. Por eso es la perfecta libertad.

viernes, 8 de junio de 2012

miércoles, 30 de mayo de 2012

La cultura del Reino

Temino de publicar un artículo en la revista electrónica Pentecostalidad. Pueden verlo en:
La cultura del Reino: hacia modelos integradores para el conocimiento relacional Dios-ser humano-creación

Fe, mente, neurociencias y antiintelectualismo

Termino de publicar un artículo en la revista electrónica Pentecostalidad. Pueden verlo en:
Fe, mente , neurociencias y antiintelectualismo

Devocional Junio 2012


En Mateo 9:18-26 se presenta una historia curiosa. Una historia interrumpida: la niña pequeña muerta y el pedido de que Jesús fuera allí, y cuando está yendo aparece la mujer con el flujo de sangre. Me quiero detener en la historia de fondo, la de la niña, porque creo que hay algo que requiere nuestra atención. Todos queremos la intervención y manifestación del Reino de Dios en nuestras vidas como también en distintos ámbitos. Y este texto nos refleja algo muy relevante.

Jesús llega a la casa de Jairo, donde ya yacía el cuerpo de la niña muerta y se encuentra con un determinado contexto lúgubre, mortuorio. Y lo primero que Jesús hace es echarlos a todos de allí, aduciendo que la niña no estaba muerta, sino que dormía. Esto llevó a burlas hacia su persona. Pero Jesús no entró en la habitación donde yacía la niña, hasta que todos esa gente que estaba llorando, plañendo, y causando un “ruidoso desorden” fueron echados (el verbo que utiliza para esto, es el mismo que se usa en los evangelios para expulsar a los demonios).

La primera pregunta es por qué la burla. Aquí hay una confrontación de cosmovisiones. El gentío que lloraba porque la niña estaba muerta, y responde a una lógica natural. Y la cosmovisión de Jesús que tal espectáculo no era necesario, ni adecuado, ni apropiado porque la niña no estaba muerta.

Pero una vez que la gente se fue, hay tres acciones que son importantes: Jesús entró, Jesús la tomó, y ella se levantó.

A lo que me quiero referir es a la creación de un entorno o una atmósfera apropiada. Cuando Jesús llegó al lugar, había un entorno lúgubre, mortuorio, de lamento, de tristeza, de anti-fe, de resignación, de derrota, y la música y los quejidos de la gente alimentaban ese ambiente. Jesús los echa a todos ellos. Se hace el silencio, para oír la voz de Jesús. Entonces Jesús entra. Jesús la toma, es decir toma el control de la situación, la puso bajo su custodia y poder, y el resultado es que la niña de levantó.

Jesús no entró a la casa, es decir, no comenzó a trabajar en la restauración de esta niña, hasta tanto el ambiente no cambiase. Pero cuando, al obedecerlo, cambia, Jesús entra, toma control y se produce el milagro. Jesús muchas veces está a las puertas de nuestras vidas, pero no hace nada, porque nosotros no estamos dispuestos a cambiar el ambiente.

El año 2012 es un año de gobierno. El gobierno es para los hijos, pero no es automático. Tiene que ver con legalidad. Los hijos están llamados para gobernar sobre el mundo espiritual, pero dicho mundo es altamente legal. Primero debemos cambiar los entornos, y eso lo hacemos nosotros. Es la puerta que le abrimos a Jesús para que establezca su Reino. El entorno es determinante para la manifestación del Reino.

En multitud de pasajes Jesús controla su propio entorno: Cuando oye que Juan fue encarcelado, se retira (Mt. 4:12), cuando ve el peligro, se va (Mt. 12:15); cuando oye de que Juan había sido muerto, se va solo a una barca (Mt. 14:13); cuando ve que lo quieren hacer rey, se va sólo al monte (Jn. 6:15). Tambgién controla el entorno de sus discípulos, llevándolos a un lugar desierto (Lc. 19:10). El cuerpo epistolar nos enseña a salir de ciertos entornos dañinos y perversos para establecer una relación íntima con Dios (2 Co. 6:17) o para no recibir el juicio a los que están en ese contexto (Ap. 18:4) (cf. Lot cuando es sacado de Sodoma (Gn. 19).

También resulta interesante ver el pasaje de He. 11;8,15, donde Abraham tiene que salir de Ur para recibir herencia. Ciertos entornos son estériles y son anti-herencia. Pero también tuvo que aprender a dejar de pensar en el viejo entorno y concientizarse en el nuevo. Esto implica un cambio de mentalidad.

De la misma manera para nosotros: debemos crear un ambiente para la revelación, para la sanidad, para la libertad, para el crecimiento, para los estudios, etc. El entorno es determinante. Y aquí hay tres pasos: (1) salir del viejo entorno; (2) crear uno nuevo; (3) dejar pensar en el viejo y adecuarse al nuevo.

O defines tu entorno y otros te lo definen, particularmente el mundo. El mundo nos ha impuesto un entorno para cada circunstancia. Lo que dicta que es “lógico”, lo que hay, lo que se acostumbra. El entorno nos controla la mente, las palabras, los sentimientos, las habilidades y el futuro.

Algunos entornos que tenemos que cambiar: las compañías (1 Co. 15:33), la música (Mt. 9:24), la presencia de Dios, la conversación (Mt. 16:13-20), las actividades (Jn. 21), etc. Todas estos entornos o ambientes dictados por el contexto sociocultural, la lógica, las circunstancias, las emociones, etc. tratan de controlarnos de una forma anti-reino, y evitan que el Reino se manifieste. Nosotros tenemos que usar nuestra mente para cambiar el entorno y así permitir que el Reino de Dios se establezca en el entorno que es adecuado a su voluntad.

viernes, 4 de mayo de 2012

Devocional Mayo 2012

Nos preocupa muchas veces el “silencio de Dios”. La aparente inactividad divina. Oramos y oramos, y no viene la respuesta. Le añadimos ayuno, vigilias, auto examen, limpieza más profunda, retiros, incremento de lectura bíblica, en un intento de hacer que Dios “se despierte”… porque nuestra barca se hunde. Emulando el clamor de sus discípulos que piensan que Jesús ya no le importa que la barca se hunda y con ellos toda su esperanza, también nos desesperamos, sin llegar a darnos cuenta, en nuestra desesperación y bloqueo, que él está con nosotros en la barca. En ese momento, Jesús se despierta, se para, reprende a la tormenta y se hace bonanza. Se da vuelta y mira a sus discípulos y les pregunta ¿qué pasó con su fe?
Fe cuando todo está bien, fe cuando el profeta está haciendo milagros, fe cuando alguien se juega y nos da el ejemplo, es como orar “danos el pan de cada día” cuando la heladera está llena. Como todo, pero especialmente la fe, la fe se prueba. La fe no se adquiere en términos teóricos, como una impartición de conocimientos académicos. La fe se adquiere a través de la relación experiencial con Jesucristo, y se prueba y depura en las pruebas de todos los días. No por la fuente, sino pro nuestro canal, la fe recibida se contamina con impurezas –emocionales, muchas veces– que deben ser removidas, justamente para no basar nuestra acción en esas emociones que nos confunden y entretienen, sino en la fe pura que viene por el oír la palabra de Dios.
Por muchos años fuimos enseñados que nuestra fe es proposicional. Es decir, finalmente, la fe cristiana es un conjunto de sentencias a ser filtradas por nuestra mente y decantadas en nuestro corazón, por las cuales nuestra vida se fundamente, sostiene, avanza y crece. Nada más alejado, sin embargo, de la realidad y de la afirmación bíblica, como tampoco de la experiencia de cristianos piadosos (¡más que lauchas de bibliotecas!). Pablo reniega, quizá con su frustrante experiencia en Atenas, de enseñarles a los tesalonicenses y luego a los corintios sobre la base de filosofías, sabiduría humana, razonamientos con mezclas culturales, para afirmar que nuestra fe debe ser fundada en el poder de Dios, en el Espíritu Santo en actuación concreta.
La cultura circundante y que ha moldeado el cristianismo de Occidente, que está fuertemente arraigada a y moldeada por las Escrituras, no obstante, sufre de haberse mezclado con la confianza en nuestra capacidad de razonar y extraer conclusiones. Curiosamente esto ya estuvo advertido en la Biblia, y es algo tan viejo como la historia de Adán y su mujer, en el conocido relato de los dos árboles del jardín del Edén. Mientras que el consejo divino para vivir de la manera que Dios quería era comer del árbol de la vida, la serpiente sugirió dirigir la mirada al árbol de conocimiento del bien y del mal como para adquirir sabiduría y ser como Dios. Sin embargo, más allá de querer “ser como Dios”, se ocultaba la raíz de uno de los más grandes problemas de la iglesia actual: confiar en la vía del conocimiento intelectual más que entregarse a la vía de la revelación como medio para llegar a una intimidad con Dios.
El entendimiento lo puedo controlar, y lo que entiendo lo controlo. Esto me da un sentido de (falsa) seguridad y así de autosuficiencia y divinidad. La revelación me deja convicto a la dependencia con Dios, a su búsqueda y a su obediencia, para que él me enseñe el camino que lleva a mi humanización integral (perdida como consecuencia de mi pecado) como a una mayor intimidad con él.
Fe no es un asentimiento o comprensión intelectual. Es una confianza absoluta y ciega en su bondad, poder, provisión, sabiduría, amor, conocimiento, proyecto, etc. que juega a nuestro favor, que se proyecta para nuestro bien, que nos reorienta de nuestros torcidos caminos hacia todo el esplendor y magnificencia de su persona. El fundamento de esta fe no está dado por la filosofía, por el razonamiento, por un método deductivo o inductivo, por conclusiones lógicas, por silogismos aristotélicos de forma típica, ni siquiera por un sincretismo finamente elaborado, donde buscamos “cristianizar” elementos culturales paganos para no ser tan chocantes y criticados de “aborrecedores” de la vida. La fe que cambia, que moldea, que funda la vida nueva es aquella que principia con un encuentro poderoso con Dios, que derrumba todo argumento mental, todo andamiaje que sostenía nuestras vidas y que decía qué se podía y qué no se podía hacer, nuestra ceguera espiritual, nuestro bloqueo cerebral, nuestra dependencia y ciega confianza a lo natural a lo controlable. El hiperactivo y confiado Saulo, es confrontado con el Jesús glorificado –a quien él perseguía– y toda esa autosuficiencia desaparece como el rocío matinal.
Parece que Dios no actúa, es cierto. Parece que él está durmiendo; parece que no nos oye; parece que todo se cae y tratamos de “ayudar”. Pero nuestra  fe descansa en su carácter fiel inmutable, manifestado poderosamente para nuestra redención total. Muchas veces ese parecer nuestro, es un tiempo (desde nuestra perspectiva) de preparación estratégico para la actuación visible. Veamos cuáles son las perspectivas divinas: “Por mucho tiempo he guardado silencio, he estado callad y me he contenido. Pero ahora grito como mujer de parto, resuello y jadeo a la vez. Asolaré montes y collados, y secaré toda su vegetación; convertiré los ríos en islas, y las lagunas secaré. Conduciré a los ciegos por un camino que no conocen, por sendas que no conocen los guiaré; cambiaré delante de ellos alas tinieblas en luz y lo escabroso en llanura. Estas cosas haré y no las dejaré sin hacer. Serán vueltos atrás y completamente avergonzados, los que confían en ídolos, los que dicen a las imágenes fundidas; Vosotros sois nuestros dioses” (Is. 42:14-17).

lunes, 2 de abril de 2012

Devocional Abril 2012


Este mes comienza casi con la fiesta de Pascua, donde recordamos el sacrificio de Jesucristo, obra fundamental para nuestra salvación. Y lo que el Señor estaba haciendo mientras que extinguía su vida en la cruz era reconciliar al mundo con Dios. Dios nunca se reconcilia con nosotros, sino que nosotros somos reconciliados con él por medio de Jesucristo. No es el error de Dios. No es que Dios se haya apartado de nosotros. Por el contrario, somos nosotros los que nos hemos apartado y alejado. Pero el poder del amor de Dios, expresado voluntariamente en la persona de Jesucristo, hace posible que nos acerquemos a él y volvamos a tener una amistad y una concordia con Dios.

En este mundo funcionalista en el que vivimos, donde los valores se moldean fuertemente por los medios, la palabra “amistad” ha descendido a niveles superficiales como nunca antes. Facebook es uno de los responsables de establecer el valor de la amistad, por medio del toque de un botón virtual. Basta con clickear sobre “solicitud de amistad”, como para entrar en una amistad cibernética. ¿Cuántos amigos tengo? Facebook te lo dice. Tener muchos te da popularidad, peso, impronta, renombre. Uno se siente importante, reconocido, escuchado, leído. Mis opiniones importan. Inclusive puedo dialogar, la mayoría de las veces, algo superficial, irrelevante, chato, vano, etc. Pero eso es la amistad de Facebook. Compartir fotografías, algún pensamiento que vaya saber de quién viene. Pero eso no importa. “Me gusta”, tengo que opinar porque la idea es cool. No entiendo lo que dice; no entiendo las implicancias, pero mi amiga dijo que le gustaba y entonces también a mí me gusta. Tiene onda. Esa es la amistad o el concepto de amistad facebookeana.

La redefinición de conceptos es la especialidad de la serpiente. No es lo que Dios dijo (la definición divina), sino mi punto de vista, mi definición. Es más pragmática, es más funcional, es más adaptada a los tiempos, más flexible, más inclusiva. Pero en esta nueva amplitud que adquiere, también es débil, y por cualquier cosa puede eliminarse. También con un doble click virtual.

Gracias a Dios la amistad con Dios no se desarrolla por medio de clicks. Requiere algo más y es más doloroso, pero es fuerte y duradera. Dura por toda la eternidad. No se rompe por un caprichito irrelevante. La reconciliación nos pone en una relación de amistad con el Creador. Dios llamó a Abraham y a los discípulos “amigos”. Y esa amistad no era para compartir fotos ni pensamientos espurios, sino la realidad del Reino. Tan distorsionada o minusvalorada está la amistad que podemos contemplar la posibilidad de ser cristianos sin ser amigos de Jesús. Inclusive podemos aspirar a un ministerio, y un ministerio poderoso, pero no a la amistad con Jesús. Aceptamos la amistad de “automatismo”, de click, de superficialidad, pero no la amistad sacrificial, la que queda sellada con la marca del Espíritu Santo en nuestro corazón.

Abraham no era perfecto. Muy lejos de esta realidad. ¿Qué decir de los discípulos? ¡Un desastre! Nos preguntamos ¿cómo puede tener Jesús tales amigos? Porque amistad no quiere decir perfección, supersantidad, superespiritualidad. Tiene que ver con obediencia, con un corazón dócil y amplio, con fidelidad, con presencia, con perseverancia, etc. ¿Preferimos el estrellato de un ministerio antes que la intimidad con el Señor? ¿Anhelamos más el reconocimiento de los hombres que el de Dios?

La reconciliación logra ponernos en amistad con Dios. Sepamos aprovechar esta accesibilidad de Dios, que es para nuestro bien. Disfrutemos de nuestra vida cristiana y el ofrecimiento de la amistad divina, disponible a través de Jesucristo. Profundicemos esa amistad porque tendremos los beneficios de que Dios nos abra su corazón y nos muestre una cantidad de maravillas que escapan a todas las que otras amistades pueden mostrarnos y ciertamente a la de la chatura de Facebook.