lunes, 2 de abril de 2012

Devocional Abril 2012


Este mes comienza casi con la fiesta de Pascua, donde recordamos el sacrificio de Jesucristo, obra fundamental para nuestra salvación. Y lo que el Señor estaba haciendo mientras que extinguía su vida en la cruz era reconciliar al mundo con Dios. Dios nunca se reconcilia con nosotros, sino que nosotros somos reconciliados con él por medio de Jesucristo. No es el error de Dios. No es que Dios se haya apartado de nosotros. Por el contrario, somos nosotros los que nos hemos apartado y alejado. Pero el poder del amor de Dios, expresado voluntariamente en la persona de Jesucristo, hace posible que nos acerquemos a él y volvamos a tener una amistad y una concordia con Dios.

En este mundo funcionalista en el que vivimos, donde los valores se moldean fuertemente por los medios, la palabra “amistad” ha descendido a niveles superficiales como nunca antes. Facebook es uno de los responsables de establecer el valor de la amistad, por medio del toque de un botón virtual. Basta con clickear sobre “solicitud de amistad”, como para entrar en una amistad cibernética. ¿Cuántos amigos tengo? Facebook te lo dice. Tener muchos te da popularidad, peso, impronta, renombre. Uno se siente importante, reconocido, escuchado, leído. Mis opiniones importan. Inclusive puedo dialogar, la mayoría de las veces, algo superficial, irrelevante, chato, vano, etc. Pero eso es la amistad de Facebook. Compartir fotografías, algún pensamiento que vaya saber de quién viene. Pero eso no importa. “Me gusta”, tengo que opinar porque la idea es cool. No entiendo lo que dice; no entiendo las implicancias, pero mi amiga dijo que le gustaba y entonces también a mí me gusta. Tiene onda. Esa es la amistad o el concepto de amistad facebookeana.

La redefinición de conceptos es la especialidad de la serpiente. No es lo que Dios dijo (la definición divina), sino mi punto de vista, mi definición. Es más pragmática, es más funcional, es más adaptada a los tiempos, más flexible, más inclusiva. Pero en esta nueva amplitud que adquiere, también es débil, y por cualquier cosa puede eliminarse. También con un doble click virtual.

Gracias a Dios la amistad con Dios no se desarrolla por medio de clicks. Requiere algo más y es más doloroso, pero es fuerte y duradera. Dura por toda la eternidad. No se rompe por un caprichito irrelevante. La reconciliación nos pone en una relación de amistad con el Creador. Dios llamó a Abraham y a los discípulos “amigos”. Y esa amistad no era para compartir fotos ni pensamientos espurios, sino la realidad del Reino. Tan distorsionada o minusvalorada está la amistad que podemos contemplar la posibilidad de ser cristianos sin ser amigos de Jesús. Inclusive podemos aspirar a un ministerio, y un ministerio poderoso, pero no a la amistad con Jesús. Aceptamos la amistad de “automatismo”, de click, de superficialidad, pero no la amistad sacrificial, la que queda sellada con la marca del Espíritu Santo en nuestro corazón.

Abraham no era perfecto. Muy lejos de esta realidad. ¿Qué decir de los discípulos? ¡Un desastre! Nos preguntamos ¿cómo puede tener Jesús tales amigos? Porque amistad no quiere decir perfección, supersantidad, superespiritualidad. Tiene que ver con obediencia, con un corazón dócil y amplio, con fidelidad, con presencia, con perseverancia, etc. ¿Preferimos el estrellato de un ministerio antes que la intimidad con el Señor? ¿Anhelamos más el reconocimiento de los hombres que el de Dios?

La reconciliación logra ponernos en amistad con Dios. Sepamos aprovechar esta accesibilidad de Dios, que es para nuestro bien. Disfrutemos de nuestra vida cristiana y el ofrecimiento de la amistad divina, disponible a través de Jesucristo. Profundicemos esa amistad porque tendremos los beneficios de que Dios nos abra su corazón y nos muestre una cantidad de maravillas que escapan a todas las que otras amistades pueden mostrarnos y ciertamente a la de la chatura de Facebook.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿Cuál es la verdadera evolución?


La imagen me lleva a compartir una pequeña reflexión, como contraste de dos actitudes. La de arriba es la de la evolución darwiniana, donde el ser humano se yergue sobre sus dos pies, como producto de la evolución, el paso del tiempo, el azar, mutaciones fortuitas, de un conocimiento innato, genético que se organiza en estructuras superiores.

Me habla de un ser humano con una autoconfianza en su propia realización y su capacidad “natural” de hacerlo. Me habla de capacidad, de dominio, de que nada se le va a oponer.  Me hace recordar al cuadro de la Ilustración europea de siglos anteriores y la confianza darwinista que había aquel tiempo (s. XIX), donde ya se decía que el siglo siguiente iba a ser el siglo de oro, porque no habría más guerras, ni enfermedades. La ciencia, la tecnología, la sapiencia humana solucionaría todos los males del ser humano y de la sociedad. ¿Por qué este descubrimiento? Porque ahora el hombre se había puesto a pensar. La ciencia avanzaba, la medicina avanzaba, la sociedad avanzaba, las condiciones laborales y económicas avanzaban… Pero dos guerras mundiales desbarataron el proyecto modernista de la confianza en la razón.

En toda esa confianza y efervescencia de aquel tiempo, desoy7eron lo que la Biblia decía: el hombre es pecador. Por lo tanto, está destinado al fracaso. Su empresa, su proyecto autosuficiente está destinado al fracaso.

Las dos guerras pasaron, la cosmovisión modernita (sostenida por algunos todavía), cayó, pero el hombre se sigue erigiendo como explicación de todo. Desarrolló el postmodernismo con la confianza en el sentimiento, en lo subjetivo. Pero nuevamente se olvida este proyecto inconcluso aún en que el hombre sigue siendo pecador. No es la filosofía o la cosmovisión que adopte. Es la realidad interna inexorable de que el hombre es pecador. No puede resolverlo con tecnología, ni ciencia, ni filosofía, ni religión, ni sociología, ni ética, ni economía.

La segunda parte muestra la persona que reconoce su insuficiencia, que reconoce su pecaminosidad y su fracaso ante Dios. Y que encuentra en la cruz de Cristo, aquel que es Todosuficiente para levantarlo de su fracaso. Es aquel que se hace eco de las palabras de Juan el Bautista: “es necesario que yo mengue y él crezca”. Es aquel que se rinde al que lo puede completar con la plenitud de Dios.

Dios quiere humanizar al ser humano, en el sentido de hacerlo como el varón perfecto. Es la obra del Espíritu de Dios que trabaja en nosotros en la medida que nos inclinamos ante la obra completa de la cruz. No importa uno u otro marco filosófico. Nada de esto nos hace “evolucionar”, pero el ser humano sólo va a crecer hasta la estatura de la plenitud de Cristo, cuando se incline, se quebrante, se postre delante de él.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Devocional Marzo 2012


Por una experiencia personal, donde claramente el enemigo se había ensañado contra nosotros (como familia) pudimos experimentar lo que la Palabra de Dios dice en Sal. 34:7: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende”. No habla de los perfectos ni de los super-santos, super-ungidos, ministros y conferencistas internacionales, super-apóstoles y quasi-querubines. Habla de los que le temen. Temor de Dios, es lo que Dios quiere para nosotros.

Algunas veces creemos que el temor de Dios es simplemente miedo a Dios. Esto es incorrecto. Se nos dice que no, es la reverencia a Dios. Pero la Biblia no habla de reverencia, habla de temor, e inclusive en algunos pasajes habla de “terror del Señor”. Me da la sensación que no entendemos muchas veces con quién estamos tratando. No es un igual, ni siquiera un ser superior o muy superior a nosotros. Se trata de Dios. De alguien completamente diferente, por cuanto es Creador; completamente diferente, por cuanto no es pecador; completamente diferente, porque no tiene ni necesita consejero. Y así podríamos habla de su infinita alteridad con respecto a nosotros. No obstante, somos criaturas hechas a su imagen y semejanza, y nos dio el privilegio inigualable de poder tener comunión con él. Pero esa comunión o a través de esa comunión se debe desarrollar el temor.

Y una de las ventajas que tenemos es su promesa: el ángel del Señor nos defiende. ¿De qué nos defiende? Del enemigo. De nuestros errores. Nuestra imperfección como nuestra debilidad queda cubierta.

Estamos acostumbrados a tener seguros: seguro de vida, de incendio, contra terceros, todo riesgo, etc. Pero esto no evita el daño. Se paga, pero el daño está. El ángel de Jehová se anticipa a todo esto y evita la situación. No tenemos que preocuparnos por tener todas las variables bajo nuestro control. No tenemos que alterarnos para ser perfectos. No tenemos que preocuparnos sobre si nos alcanza o no. No tenemos que preocuparnos, sino vivir en paz. El ángel de Jehová nos cubre. Es el mejor seguro contra todo riesgo, tanto espiritual como material. Mi esposa y yo pudimos experimentarlo en una manera inimaginable hace menos de un mes.

Más allá de la protección física, vimos la gloria de Dios en lo material en forma sorprendente. Y sabemos que esto es así, porque estuvo a punto de ocurrir la desgracia, estábamos hablando del Salmo 34:7. En el mismísimo instante que terminamos de citar el texto, vimos las legiones de demonios que quisieron terminar con nuestras vidas. Pero la mano de Dios estuvo sobre nosotros. Arriba de esa mano, pudimos observar que la única nube negra que había en todo el cielo. Pero entre la nube y nosotros, estuvo la mano del ángel del Señor. Íbamos a 130km/h y la goma nueva (de una cubierta anti-pinchadura) se corta misteriosamente, sale de la rueda y… nada sucedió. Pude detener el auto en medio de la ruta… Y esperar el auxilio. El mecánico del taller me dijo: “Nunca vi nada igual”. Nosotros tampoco. Pero lo que experimentamos es la veracidad del texto bíblico, la fidelidad de Dios, su presencia, su mano que nos cubrió, un enemigo que quiso hacer el mal y fracasó, porque alguien peleó por nosotros.

El cubre nuestras imperfecciones, nuestros errores, nuestras falencias, nuestras áreas incompletas. Y también nos cubre de nuestros enemigos. “Esta batalla es del Señor”, dice el AT en un par de ocasiones. La que experimentamos fue una de ellas. Inadvertida. Una “ataque sorpresa”. Pero en el auto veníamos hablando de Dios, de los ángeles y su ministerio, alabando a Dios, escuchando su Palabra en CD’s, reflexionando sobre su verdad. “El Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. ¡Hay poder en su nombre! ¡Hay veracidad en sus promesas! ¡Hay prontitud en su respuesta! ¡Alabado sea el Señor!

domingo, 12 de febrero de 2012

Una historia que se repite... lamentablemente


Whitney Houston se fue. Está bien... se fue con el Señor, pero se fue. ¿Se fue en "el tiempo de Dios"? ¿Se fue como Dios quiso que se fuese? ¿Dio todo lo que pudo o tuvo para dar? Creo que a la luz de la trayectoria desviada que tomó su vida, y sin querer ponernos en sabelotodo omniscientes, las respuestas son "no".

¿Un "remake" de Elvis? ¡Y cuántos talentosos anónimos, habrán seguido el mismo rumbo! Dos famosos, porque dejaron cultivar su talento suficientemente, para que éste brillara, pero cuántos que no llegaron a este nivel de popularidad, recorrieron la misma trágica historia... o lo están haciendo.

Son los seducidos por el rey de Sodoma, el que promete darte todo lo que uno pida con tal de que él tenga derechos sobre uno (Gn. 14:21ss). Seducidos por Egipto y sus carros, seducidos por el mundo y las oportunidades, seducidos por la potencia de los deleites, seducidos por la Babilonia y sus copas rebosantes del vino de la fornicación, seducidos, finalmente, por la serpiente a tomar del fruto prohibido para "ser como Dios".

"Quiero cantarle al mundo; quiero el reconocimiento del mundo, quiero el poder del mundo, quiero los premios del mundo, el aplauso del mundo, los laureles del mundo, la gloria del mundo..."

Dios da dones, talentos, ministerios y todo lo que uno pueda imaginar. Y todo es bueno, viene de Dios. Pero nada de eso define a la persona ni le da identidad. Y cuando uno pierde esto cae en el más profundo vacío existencial. Las soluciones para esto que propone el mundo son inmediatas: tratamiento psicológico, primero. Pero en el mientras tanto el vacío está allí y no se va; por el contrario se acrecienta, con la depresión, con la angustia. ¿Cómo se para? Y probemos con el alcohol, las drogas, el juego, los viajes, la fama y más fama, mansiones, mujeres, hombres, cambio de sexo... pero nada de eso llena el vacío que sólo Dios puede llenar. No pocos ministros caen en esto también. Porque el ministerio no llena el vacío, ni el ministerio exitoso lo hace. El ministerio rompe matrimonios. El ministerio hunde a los ministros en las drogas. El ministerio ciega a los siervos en el activismo. Porque el ministerio no puede ocupar el lugar de Dios.

El hijo pródigo se perdió fuera de la casa. Su hermano mayor, dentro. Los dos se perdieron. Pero los dos pudieron encontrar restauración en su relación reavivada con su padre.

Fuera de la comunión íntima con el Padre por medio de Jesucristo, hay perdición, vacío, autodestrucción. No dejemos que las luces de los dones (aun los del Espíritu Santo), las glorias de los ministerios, los éxitos que los talentos nos brinden encandilen nuestros ojos y nos aparten del Dios vivo y de nuestra dependencia con él.

Whitney dio mucho... pero pudo haber dado mucho más. Porque la gracia siempre va en aumento, como la luz de la aurora. Pero se desconectó de esa fuente de gracia y poder. ¿Cuánta alabanza y adoración a Dios quedó en su corazón sin nunca salir y queda ahora sepultada para siempre. David preguntará: “¿Alabará el Seol al Señor?” Con ella (como con Elvis, por decir otro caso conocido, y podríamos añadir, como mencioné, muchos anónimos, pero que para Dios no lo son), quedaron enterradas para siempre melodías que sólo Dios pudo producir por estos canales, que un trágico momento de su vida decidieron no cantar para él.

viernes, 10 de febrero de 2012

Devocional Febrero 2012


¿El enemigo quiere guerra? No sabe con quién se mete. ¿Nosotros sí? Leyendo la epopeya del éxodo del pueblo de Israel de la tierra de Egipto, el enemigo no sabe con quién se metió. Bueno, Satanás sí sabía con quién se metía. Quizá con su arrogancia y orgullo sin paralelos quedó enceguecido creyendo que podía exterminar al pueblo del cual saldría la promesa. Mientras tanto oprimió por largos años a generaciones de judíos. A costa de la sangre de ellos edificó su imperio: la primera potencia mundial de su tiempo.

Pero Dios vio la aflicción de su pueblo y levantó a un Moisés, el canal humano escogido para obrar sus maravillas contra el faraón, el canal humano escogido por Satanás para oprimir al pueblo de Dios, cortarles todo futuro, toda esperanza, tratarlos como animales (o aun peor), explotarlos según su capricho, etc. Dios envió diez plagas que fueron cachetazos vergonzosos a las divinidades en las que Egipto ponía su confianza. El ganado, la vegetación, la economía quedó devastada. La potencia económica de la que se jactaba comenzaba a tambalear. La luz quedó convertida en tinieblas, y la esperanza de toda familia incrédula, incluyendo a la del faraón fue cortada con la muerte de los primogénitos. Finalmente el ejército del faraón quedó sepultado en las aguas del mar Rojo. Como dice el cántico de Moisés: “el enemigo dijo…” lo que iba a hacer, pero no pudo. Sin embargo, Dios sopló… y fueron libres.

Muchas palabras del enemigo no tienen fuerza y quedan sordas ante el simple soplido de Dios. Son palabras que amedrentan, amenazan, intentan atemorizar, dudar, etc. Es, en rigor, lo único que el enemigo puede hacer. No tiene fuerza para atacar directamente. Sólo cuando creemos en sus palabras cobra ventaja. Sólo cuando hacemos lo que él nos dice, él se hace fuerte y nos vence. Pero sus muchas palabras son sólo “palabras que se las lleva el viento” (de Dios). Son palabras, al fin, y como tales tienen fuerza como para querer convencernos de lo que dicen. Al ser palabras, generan fe (negativa en este caso). Si vamos al caso, finalmente, nosotros le damos la fuerza y validez que queremos que tengan.

Pablo nos advierte de que estamos en guerra. Y podemos saber esto, predicar esto, enseñar esto. Pero muchas veces no nos percatamos de esta realidad hasta que una granada enemiga hace volar una casa cerca de nosotros, hasta que sentimos el impacto cerca, hasta que sentimos el olor a quemado o la explosión deposita sus cenizas sobre nuestras cabezas, o hasta que las enfermedades se multiplican misteriosamente, los accidentes, los problemas no habituales y aun las muertes parecen como apuntar a que alguien está organizando algo tenebroso contra nosotros. Esa es la realidad de la guerra espiritual.

Hay dos sentimientos que se combaten dentro de nosotros. Uno, diría, pseudocristiano, pseudopiadoso: el de resignación. “Bueno –decimos– hay que soportar la prueba”. Creemos que es la correcta posición cristiana, nos dejamos avasallar por el enemigo, porque de todos modos “el morir es ganancia”. El otro sentimiento es el de guerra, el de hacer frente, el ofensivo, el hacer que el enemigo se calle definitivamente.

Desde afuera del combate, como espectadores, todos gritamos el segundo. “Hay que hacer guerra”. La oración es aguerrida, potente, tronante. Pero cuando estamos dentro y somos golpeados de una u otra forma por los primeros vientos del terror enemigo nuestra oración se hace más “para adentro”, recurrimos más rápido a la medicina que a la oración de fe. Oramos en silencio convirtiendo la oración en pensamiento, porque ya no nos sale el fervor de antes.

La realidad es que no llegamos a entender lo que fue la opresión de Egipto por 430 años sobre muchas generaciones hasta que el susurro del enemigo pone su garra sobre nuestro hombro y oprime un poquito hacia abajo. Pero la verdad sigue siendo esa del cántico de Moisés: “el enemigo dijo… pero soplaste tu viento”. Aprendamos a creer, y a ver y oír el viento de Dios. Los períodos largos de prueba muchas veces son para desbaratar todo dios en el que podamos confiar: los dioses de la autosuficiencia, de la experiencia, del conocimiento, del poder económico, etc. Dioses que mueven a este mundo. Pero el mundo y sus dioses quedaron avergonzados en aquel tiempo, y la verdad de Dios es la misma en todo tiempo. Lo único que le quedó al pueblo de Israel fue creer. Y lo único que podían hacer los egipcios para salvarse era creer y humillarse ante el verdadero Dios.

Dios tarde o temprano, sopla su viento y los enemigos que nos oprimían destrozándonos nuestra salud y nos atemorizaban con persecuciones, denuncias y faltas de paz; los enemigos de temor, de amenazas, de bloqueos que nos cortaban el futuro; los enemigos de accidentes, de infortunios, de deudas que ponían delante de nuestros ojos un panorama sombrío, desaparecerán porque se los llevó el viento.

Llamemos a ese viento divino. Clamemos para que el viento de Dios borre toda iniquidad, toda obra de las tinieblas, toda cosa que va en contra del propósito de Dios para nuestras vidas y la vida de nuestra nación. Creo que este año es un año de “vientos del Señor”. Vientos que van a disipar las nubes negras que por mucho tiempo estuvieron sobre nosotros. Vientos que van a soplar llevándose todo mal hábito, toda atadura, todo pecado, toda seguidilla de desgracias, maldiciones familiares, enfermedades crónicas, etc. Es el viento de Dios que comienza a soplar, abre el mar Rojo y se traga a los que en otro tiempo eran nuestros opresores.

Jesús, en la cruz, lo consiguió para nosotros. Lo esperamos con ansias. Llega con poder. Este año lo veremos. Este año se va todo aroma fétido de nuestras vidas, y el viento de Dios trae otro aroma: aroma de vida, aroma de salvación, sol de justicia, viento de victoria y liberación. Este es el año del Señor, del viento de Dios.

martes, 17 de enero de 2012

Mucho YouTube, poca Biblia y poca oración


Ante un nuevo año, hay gente que se muestra optimista y otra pesimista. La optimista es porque cree de alguna manera en aquel dicho “año nuevo, vida nueva”. Está bien, tiene un pensamiento positivo. Cree que las cosas pueden mejorar y de hecho lo van a hacer. Es bueno tener este tipo de actitud. ¡A q    uién le gusta estar con un parlante al lado que esté tirando constantemente pálidas! Algunas veces es un optimismo fantasioso, casi mágico. De olvidar macanas que hemos hecho y esperar algo “milagroso” de la vida en el futuro próximo. Otras veces se usa el optimismo para calmar la conciencia. Otras, verdaderamente en forma mágica, por el solo hecho de “confesar positivamente” lo bueno va a venir y lo malo va a irse lejos. En fin, como fuere esperan que este año sea mejor que el anterior.

Pero también están los pesimistas, que ven todo negro. A como está la economía, Medio Oriente, Estados Unidos, las tensiones a nivel local, inclusive a nivel familiar, los tsunamis, los terremotos, el desprecio por la vida, la contaminación ambiental… presagian (o al menos, se auto-presagian) un año catastrófico.

Eso siempre ha ocurrido. Pero este año hay algunas notas adicionales para cargar sobre el pesimismo. El 21/12/2012 y las predicciones mayas (mal interpretadas, de todos modos) fue un disparador para una película y para una ola de preocupaciones, ansiedad y reacomodamientos en la vida de miles de personas. La tensión en Medio Oriente, especialmente entre Irán e Israel y el potencial conflicto bélico allí. La caída del liderazgo despótico en los países musulmanes, y las amenazas de algunos líderes musulmanes al mundo Occidental. La inestabilidad económica de la Eurozona. El derrumbe de las calificaciones de Standard and Poor’s de ciertos países occidentales líderes en Occidente y su repercusión en las bolsas mundiales. La caída del dólar. Hablemos de la contaminación ambiental y de las aguas. Hablemos de los terremotos y tsunamis. Incluyamos el supuesto planeta X (Niribu) y su supuesta colisión con nuestro planeta en este año. Añadamos la reversión de los polos magnéticos y el mencionado cambio de eje de rotación de la Tierra. A eso le sumamos los efectos de un pico de actividad solar y supuestas debilidades del cinturón magnético de la tierra. Y como si fuera poco los planetas se van a alinear con el centro de la Vía Láctea.

A esto le podemos añadir un contribuyente evangélico. Predicadores (cuyos mensajes están en la web) que el año pasado (2011) predijeron para ese año la caída de un meteorito de enormes proporciones que produciría un cataclismos de magnitudes nunca vistas. Tal cosa, obviamente, no ocurrió. Otro, que se dedicó el año pasado a determinar el día del rapto, cosa que no ocurrió, y después de la desilusión, comenzó a revisar su aritmética para un nuevo cálculo.

Yo diría que hay mucho YouTube, poca Biblia y poca oración. Poco compromiso con la Palabra, poco compromiso con su llamado cristiano, mucho ocio evangélico y por lo tanto no tienen nada que hacer y comienzan a surfear por las páginas amarillas de la web que hoy presentan supuestas “comprobaciones” y “confirmaciones”, “descubrimientos” y potenciales “consecuencias” de hechos que no existen. Gente que lucra con la ignorancia de muchos, y en esos “muchos” caen evangélicos que deberían estar apercibidos por lo que dicen las Escrituras.

Aunque sean simulaciones por computadoras de alta complejidad, supuestos videos de seres extraterrestres, mensajes, cadáveres encontrados en la Luna, etc., cosa que obviamente, por lo curioso, llama la atención y plantea interrogantes, no dejan de ser ocurrencias y disparates –ciertamente muy bien tecnificadas– para poner dudas, preguntas, temores, ansiedades en la gente.

Nada de esto es cierto. El planeta X (Nibiru) no existe, la conjunción de los planetas no afecta para nada a la vida de la tierra (los únicos dos astros que afectan a la Tierra son la Luna y el Sol), el máximo de actividad solar está calculado para el 2013 y se prevee que no va a ser muy fuerte. El supuesto cambio de eje de rotación terrestre no tiene razón de ser como tampoco el cambio de polos magnéticos. O sea que no hay nada que preocuparse. Hay que ver menos You Tube, pero leer más la Biblia, orar más, comprometerse más con la vida cristiana, el evangelismo, el discipulado, el testimonio cristiano, etc.

Si bien nada de eso es cierto, lo que sí es cierto, sin embargo, es el juicio de Dios. Y eso está en la Biblia. Lo que Dios sí quiere es que su pueblo se arrepienta. Y Dios está llamando al arrepentimiento. Más allá de lo que pueda acontecer económica, política, social, meteorológica y climáticamente en el planeta en este año, los ojos del Señor siguen recorriendo la tierra buscando aquel corazón que es completamente suyo. Dios nos llama este año a caminar con él, como Enoc caminó con él. El año, según los gurúes y futurólogos de este mundo puede presagiar algunas situaciones tensas, pero los que confían en el Señor, los que caminan con él, tienen suficientes promesas bíblicas para vivir confiados. Aunque los fundamentos de este mundo se derritan, nuestra fortaleza debe estar puesta en el Señor. Hebreos 12 ya nos advierte que todo lo que sea conmovible va a ser conmovido, para que lo que es inamovible e inconmovible (el Reino de Dios) quede establecido para siempre. Quizá, es cierto, Dios sacuda los ídolos escondidos que tenemos. Y lo hace para que nos paremos sobre la Roca inconmovible de Jesucristo. Que dejemos de poner nuestra esperanza en lo espurio, lo pasajero, lo temporal, para aferrarnos a lo invisible del Reino de Dios. Es probable, así, que en este año veamos grandes cambios a nivel de liderazgo mundial, incluyendo del liderazgo evangélico, como también una explosión a nivel evangelístico, porque el pueblo cristiano toma conciencia –Espíritu Santo mediante– de esta necesidad. Pero esto no es motivo de caos, de ansiedad, de preocupación, etc., sino de saber que nuestra salvación está más cerca que antes.

Horacio R. Piccardo


domingo, 1 de enero de 2012

Devocional Enero 2012


Comienza un año nuevo y uno está lleno de expectativas. Aquellos que no conocen al Señor pueden ir desde una expectativa eufórica y fantasiosa hasta un miedo aterrador por el fin del mundo. Pero aquellos que conocemos al Señor no vivimos en los extremos desequilibrados, enfermizos y enfermantes, sino en el andar tranquilo y al mismo tiempo apasionado, delicado pero desafiante, suave pero agresivo del Espíritu. Andar en el Espíritu, andar con el Señor, andar obedeciendo a su voz es nuestro mejor remedio para la paranoia que vive este mundo. No olvidemos que el mundo nos quiere engatusar en tratar de imprimirnos su agenda, sus prioridades, sus métodos, sus dioses. No busquemos los atajos del impío, sino la cruz de Cristo. Este es un gran desafío, que debo decir, lamentablemente algunos cristianos, ante las promesas exitistas del mundo tratan de gambetear. Lo pragmático no siempre es el camino escogido por Dios. El “pare de sufrir” condenado por los púlpitos evangélicos, y respondido con un “amén” risueño por el pueblo, muchas veces aceptado como norma cristiana, haciendo ojos ciegos a todo lo que la Biblia nos enseña sobre la formación de carácter.

La cruz no es un fin de semana de descanso, sino un instrumento de tortura y muerte para la carne. Y muchas veces, engañados, huimos de ella, porque no nos sentimos cómodos colgando de ella. Obvio. Esa es la idea. La carne huye de ella y busca siempre alguna excusa. Nosotros, los que vivimos en las cosas de Dios, tendemos a ser engañados por ella, porque elaboramos excusas más “teológicas”. Nuestros “no” son “con fundamento bíblico”. Pero olvidamos lo que Pablo nos dice en Ro. 7: el pecado me engañó. El pecado tiene esa capacidad de embrollar nuestros pensamientos para rechazar la cruz, que finalmente es libertadora.

Últimamente me vino a mi mente el tema de Gilgal, donde, según cuenta el libro de Josué, fue donde él tuvo que circuncidad al pueblo de Israel, quitando “el oprobio de Egipto”. Egipto es la figura del mundo y todo lo que ha alimentado ese mundo en sus vidas. Gilgal es la cruz. Pablo ha crucificado sus pasiones y deleites (Gá. 5:24). Pero también habla de una doble crucifixión: él al mundo y el mundo a él (Gá. 6:14).

Este año, Dios nos invita a caminar con él. A caminar guiados por su Espíritu. Y la primera parada es en la cruz. Esto no es para el recién convertido solamente. Llevar cada día su cruz es el mandamiento para su discípulo. Vivir en el Espíritu no es solo un arrebato fuera del cuerpo (¡gloria a Dios por esas experiencias!), sino vivir siendo guiado por el Espíritu confirmando la Palabra de Dios en nuestras vidas. Jesús fue llevado al desierto, guiado por el Espíritu, para ser probado y tentado por Satanás. Jesús fue guiado por el Espíritu hasta la cruz, para nuevamente ser probado y tentado por Satanás. En medio del camino de la guianza del Espíritu, Satanás va a venir a tentarnos. No es el camino en sí el malo, sino quien se nos aparece en el camino. No rechacemos  el camino de guianza, formación, modelado del Espíritu por quien se nos aparece en el camino.

Este es un año de crecimiento en nuestra relación con Dios. Un año en el cual podemos conocerlo más íntimamente. Un año de discernimiento. Un año en que nos afianzamos más en su intimidad y conocimiento. No hay gloria sin cruz. No hay autoridad sin vencer en medio de los conflictos. No hay recompensa sin fidelidad. Comencemos este mes, perfilando cuál va a ser nuestro norte y cómo nos encaminaremos a él.